Rhynchophorus Ferrugineus

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Descripción

Adulto: Es un coleóptero de gran tamaño que alcanza los 2 a 5 cm. de longitud. Los insectos de esta familia se caracterizan por tener una prolongación de la cabeza en forma de pico, donde se sitúan las antenas en forma de maza y por su color rojizo (ferruginoso) muy característico.

En el protórax presenta unas manchas negras muy visibles de tamaño y formas variables. A lo largo de los élitros destacan unas líneas estriadas, también de color negro. Los machos se distinguen de las hembras por un “peine” denso y corto de pelos sobre el extremo del pico. Los adultos pueden desplazarse mediante el vuelo y también son buenos trepadores desde el suelo hasta las copas de las palmeras.

Huevo: Tiene forma ovalada, similar a un grano de arroz. La hembra lo deposita aisladamente en una galería perforada en las heridas recientes de la base de las hojas y en los tejidos blandos del interior de la yema apical del tronco, muy cerca del nacimiento de las hojas (“ojo” de la palmera); de modo que es difícil su localización. Mide de 1 a 2,5 mm. de longitud y es de color blancuzco brillante

Las hembras realizan puestas de 300 a 500 huevos de media, que eclosionan a los 3 días, si bien sólo una parte llegará a estado adulto.

Larva: Sufre 5-9 estadios de desarrollo. Se desarrolla en el interior de la médula húmeda de la palmera, que también le sirve de alimento, hasta alcanzar un tamaño entre 3 y 5 cm. Inicialmente tiene un color blanco-crema que antes de empupar, ya en su último estadio, va adquiriendo un tono más oscuro. Es claramente ápoda, es decir, carece de patas.

Su aspecto general es piriforme, lo que le da un aspecto rechoncho. La cabeza, de color marrón, dispone de poderosas mandíbulas. Pueden hacer galerías de más de 1 metro de longitud.

Pupa: Se localiza en la base de las palmas, sueltas o insertas en su interior, protegida de un capullo ovalado de 4 a 6 cm. de longitud, elaborado por la larva cuando se aproxima su metamorfosis a partir de fibras de la propia palmera, el cual no es fácil de detectar si no se manipula la zona donde está inserto. Cuando se hospedan en palmeras jóvenes las larvas pupan hasta en el suelo.

En el mediterráneo español el ciclo completo, de huevo a adulto, tiene una duración entre tres y cuatro meses suponiendo, por tanto, hasta cuatro generaciones anuales. Los adultos son de hábito bastante sedentario y no suelen abandonar la palmera donde se han desarrollado mientras exista tejido vegetal susceptible de servir de alimento; por tanto, pueden tener varias generaciones dentro del mismo ejemplar y encontrarse en un momento dado todos los estadios de la plaga.

Los adultos realizan vuelos mediante los cuales colonizan otras palmeras, mostrando preferencia por aquellas que están enfermas, que presentan heridas de poda o están debilitadas por haber sido transplantadas recientemente. Así mismo, la actividad de los insectos ya instalados en el ejemplar emite sustancias que atraen a otros individuos, lo que explica su carácter gregario. El vuelo de los adultos, en apariencia forzado por la necesidad de encontrar un nuevo hospedante sensible, es muy vigoroso y puede mantenerse durante mucho tiempo cubriendo distancias de centenares de metros. Su actividad es diurna. En los desplazamientos influye la temperatura externa ya que el frío invernal limita la expansión de la plaga. Temperaturas próximas a los 8ºC. marcan el umbral inferior de temperatura para el desarrollo del picudo rojo.

Daños

Debido a que este curculiónido se desarrolla en el interior de las palmeras y que éstas pueden ser de gran tamaño no es fácil detectar los síntomas en una fase temprana del ataque. Si la entrada de la plaga ha sido por la copa, cerca del “ojo”, los síntomas se manifiestan antes y presentan un daño considerable y no recuperable. Se podrán observar las hojas jóvenes, centrales, con foliólos serrados (comidos), inclinadas y/o con un aspecto decaído. En un estado más avanzado el penacho se rompe y cae por el viento.

Si la penetración se produce a través de las heridas (podas, deshijado, etc.) en diferentes zonas del tronco, el daño es menos grave si se detecta a tiempo. La presencia de hojas caídas y el desplazamiento del ojo de la palmera pueden ser indicativos de la presencia del picudo rojo.

En los ataques muy fuertes se acaba secando toda la copa y se produce la muerte de la palmera. Al tirar de las hojas afectadas, éstas se desprenden con cierta facilidad y en su base podemos observar las galerías abiertas por las larvas en sus últimos estadios de desarrollo y, frecuentemente, los capullos de las pupas. Al abrir la copa de una palmera con grado de afección avanzado, encontraremos abundantes larvas de varios tamaños en una masa de tejido en fermentación que desprende un desagradable olor ácido característico.

Esta pobredumbre penetra hacia la zona radical de modo que en los ejemplares de poco tamaño, pueden encontrarse larvas por debajo del nivel del suelo; aspecto que debe tenerse en cuenta a la hora de su eliminación. Las palmeras afectadas mueren a medio plazo al estar el cogollo totalmente taladrado con su interior en descomposición.


Control de plaga

Colocación de trampas

El picubo es la trampa idónea para capturar este insecto y presenta en la tapadera un gancho donde se colgarán los emisores del Sistema Picudotrap, previamente se habrá retirado el film de seguridad para que el emisor comience a emitir. En los meses de más calor, que coincide cuando hay más vuelos, se pondrá emisores con una carga para transmitir durante un mes y en los más fríos, cuando hay menos vuelos, para dos meses.

Consultar con el departamento técnico cualquier duda que pueda surgir.

Coger los emisores, con el dedo pulgar y el índice, por los extremos nunca por el centro y no se debe fumar antes o durante la manipulación para evitar la contaminación por nicotina.

Capturas Masivas

En las zonas que lo permita se colocará un Sistema Picudotrap por palmera, en cultivos intensivos se instalará un cinturón de seguridad en el perímetro de la parcela, disponiendo de uno cada cuatro metros a ser posible adoptando la forma de trebolillos.

Monitoreo

Se colocará un Sistema Picudotrap cada 25 metros, se recomienda enumerar las trampas, hacer un croquis de su situación y llevar un registro de los conteos obtenidos por trampa y día de lectura.

Seguimiento

En los meses calurosos se recomienda inspeccionar las trampas cada 15 días, en los fríos se puede espaciar hasta los 30 días. En el caso que sea una zona no infestada pero con riesgo de serlo se hará una vez por semana, por lo menos en las trampas más propensas a capturas, que suelen ser las de las lindes.

Preservación

Deben de mantenerse en el frigorífico hasta su utilización, (poner rangos de temperaturas y días de conservación).

Compatibilidad

No utilizar, ni almacenar fuera de su envase, junto a otra feromona o materia susceptible de desprender olores.

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